Probablemente uno de los contextos más adversos del mundo es vivir en Afganistán bajo el régimen talibán. Mucho más siendo mujer y todavía mas queriendo jugar fútbol. Así creció Khalida Popal. Desde pequeña la pelota fue su pasión y a pesar del hostigamiento social, su madre la llevó a recorrer diferentes escuelas en busca de otras niñas que quisieran jugar fútbol.
Finalmente, Khalida Popal logró jugar profesionalmente llegando a ser la capitana de la primera selección femenina de fútbol en Afganistán. Su popularidad comenzó a crecer, y al mismo tiempo en que se transformaba en un referente para las mujeres, era víctima de amenazas de muerte constantes. Esto la llevó a pedir asilo internacional llegando a Dinamarca, donde reside actualmente.
Lamentablemente Khalida tuvo que retirarse del fútbol por una lesión en la rodilla, sin embargo ella siguió su carrera como activista por el derecho de las mujeres a habitar en todos los espacios, creando la organización “Girl Power”.
Hoy, Khalida Popal trabaja para que las mujeres, niñas, inmigrantes y personas LGTBIQA+, reconozcan su valor y adquieran confianza a través del deporte.