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A propósito de mujeres científicas: ¿Sabes qué es el «Efecto Matilda»?

Por Amanda Gallardo Álvarez

Este martes la Academia de Ciencias de Suecia confirmó que Andrea Ghez es la cuarta mujer en recibir el Nobel de Física, una noticia que nos recuerda que sí hay mujeres científicas.

Aunque según la Unesco, hasta el 2019, menos del 30% de quienes realizan investigaciones en el mundo son mujeres. Cifra que también nos hace pensar en cuántas mujeres en toda la historia de la ciencia han sido invisibilizadas.

Y no hay pocos casos y a propósito de eso te pregunto: ¿Sabes lo que es el «Efecto Matilda»?

El Efecto Matilda

Es un término que fue creado en los 90 para definir el olvido consciente y sistemático de los aportes hechos por las mujeres científicas e investigadoras.

Y no hay pocos casos para ejemplificar al «Efecto Matilda». Una de ellas fue Nettie Stevens, la genetista que descubrió que los cromosomas X e Y son los encargados de determinar el sexo de los individuos.

¿Qué pasó entonces? Para su mala suerte, publicó su descubrimiento en paralelo a su colega Edmund B.Wilson, quien se llevó los créditos. Años más tarde, reconoció a la revista «Science» que sus conclusiones coincidían con las de su compañera y que claramente conocía el trabajo de Stevens.

Otro caso fue el de Gerty Cori, que fue parte del trío de investigadores que se llevó el Nobel de Medicina en 1947. Lamentablemente para ella, uno de los científicos parte del equipo era su esposo, una pareja que para los organizadores del Nobel también funcionaba como sociedad.

Por lo mismo, es que el premio, en vez de ser dividido en tres fue repartido en dos, entregando una parte a ella y su esposo y la otra al fisiólogo argentino Bernardo Houssay, que también trabajó en la investigación del proceso de la conversión catalítica del glucógeno.

Pero el ninguneo para Gerty Cori no quedó ahí. Porque pese a que fue la primera mujer en quedarse con el Nobel de Medicina, fue víctima del sexismo durante toda su vida profesional. Por ejemplo, algunas universidades se negaban a contratarla o le ofrecían sueldos bajísimos.

Y también es necesario destacar a Rosalind Franklin, quien realizó aportes imprescindibles para descubrir la estructura del ADN junto a James Watson y Francis Crick.

¿Adivinen quiénes se llevaron los créditos? Sus compañeros, quienes apenas la mencionaron cuando publicaron el hallazgo y cuando lo hicieron fue presentándola casi como una practicante. Fue tanto el desprecio que años después cuando Watson publicó su libro «La Doble Hélice» se refirió a ella así:

«Estaba decidida a no destacar sus atributos femeninos (…) Habría podido resultar muy guapa si hubiera mostrado el menor interés por vestir bien. Pero no lo hacía (…) Todos sus vestidos mostraban una imaginación propia de empollonas adolescentes inglesas».