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Aborto para una niña de 10 años: el desgarrador caso que reabrió el debate en Brasil

Por Ismael Contreras

Es difícil escribir esto sin sentir ganas de llorar; sin sentir que la vida es injusta. Horas después de haber conmemorado el Día del Niño y la Niña en Chile, nos enteramos de uno de los casos más brutales de abuso sexual en Brasil: una menor de solo 10 años, tras reiterados abusos y violada por su tío, quedó embarazada. Ante esto, la justicia brasileña aprobó que le hicieran un aborto.

Hay detalles que son terribles y que van mucho más allá de lo que significa un procedimiento médico de esta envergadura. Según comentó en un documento el propio juez del caso, Antonio Moreira Fernández, cuando la Asistente Social le planteó a la víctima la posibilidad de continuar con el embarazo, ella se “agarra a un oso de peluche (…), entra en profundo sufrimiento, grita, llora y lo rechaza en todo momento”. Así de crudo, así de doloroso.

A pesar de que la ley en Brasil permite el aborto en caso de violación, esto ocurre solo cuando la gestante corre riesgo vital o cuando la vida del feto es inviable. Aquí ninguno de esos factores estaba presente, pero las reacciones de esta niña de 10 años, que desde los 6 había sido abusada por su tío que ahora tiene 33, fueron suficientes para que el juez permitiera el procedimiento.

 

Niñas y niños, los más olvidados

Tras lo ocurrido en Brasil, hubo protestas a favor y en contra del aborto, y la discusión una vez más se tomó las redes sociales, pero ¿sabes qué es lo más doloroso del caso? Que mientras muchos gritaban, discutían y se manifestaban, había una niña asustada, con miedo, sintiendo el desamparo de quien sufre abusos durante 4 años sin ser rescatada.

¿En qué momento llegamos a esto? ¿En qué momento permitimos que las niñas y niños del mundo vean vulnerado su derecho a tener una infancia feliz, libre de abusos, y en la que se sientan protegidos por su entorno y su Estado? Porque no pasa solo en Brasil… pasa aquí, en Chile, en todos los sectores socioeconómicos; pasa año tras año con los niños del Sename, que provienen de contextos mayormente vulnerables y que tanto hemos olvidado.

Se me parte el corazón al ver que una niña de 10 años, violada por un tío y ante una sociedad que la obliga a ser madre, vea como único amparo el aferrarse a un oso de peluche. Menos mal que existe el criterio; que un juez fue capaz de ver cómo una vida, ya quebrada por los abusos reiterados, podía terminar destruyéndose al obligarla -nuevamente- a hacer algo que no quiere. Basta de vulnerar los derechos de nuestras niñas y niños, porque incluso en esta materia tan desgarradora, ellos tienen algo que decir.