Hermanas gemelas toman radical decisión a sus 12 años de edad: Una de ellas pasa a ser hombre

A sus 12 años una de ellos tomó una radical decisión.

El 2 de diciembre del año 2004 en Longaví, localidad ubicada al sur de Chile, nacieron Catalina e Ignacia, dos hermanas gemelas que debieron lidiar con una violenta infancia, pero que el año 2013 llegó uno de los cambios más esperados de sus vidas. Su tía las trajo a la capital para así darles una mejor calidad de vida, sin imaginar que también sería parte de otro radical giro en esta historia de hermandad incondicional.

Ambas usaban el pelo largo, lentes y falda a la hora de ir a clases, pero a Catalina eso no le gustaba, “siempre me sentí un chico. Sabía que algo no estaba en su sitio”, confiesa a sus 12 años con total sinceridad a la revista Paula. Hace un año la tía Mireya, la misma que se trajo a estas hermanas del sur, llevó a la niña a un ginecólogo infantil. La respuesta era clara: Catalina es transgénero.

Consultó a especialistas sobre lo que significaba esta palabra que nunca había escuchado en su vida, y tras reunir varios testimonios tomó la primera gran decisión, “le quité la ropa femenina”. Todo esto bajo la atenta mirada de su hermana gemela, Ignacia, “sentí felicidad por él, pero un poco de pena por mí porque nunca más iba a tener una hermana gemela”, detalla la niña.

El sábado 8 de octubre de 2016, vino otro importante paso: fue a la peluquería y se despidió para siempre de su larga cabellera, “en las fotos de antes yo sonreía apenas, sin mostrar los dientes. En la peluquería fue distinto; pude liberar lo que hacía tiempo guardaba. El espejo me mostraba como un hombre. Como siempre quise ser”, confiesa Alexis, quien agrega que ese día miró a su tía Mireya y le dijo, “Tía, no sufra. Este es el día más feliz de mi vida”.

Tras esto vino el proceso escolar, y si bien el niño sigue siendo Catalina en su carnét de identidad – por temas legales en Chile – en la lista de su colegio está inscrito como Alexis, “el primer día de clases no fui para que mi profesor jefe hablara con mi curso sobre mi situación. Al día siguiente yo estaba un poco nervioso, pero llegué y todos me abrazaron”, recuerda.

“A veces tengo nostalgia, me gustaría que la Cata estuviera cerca. No se lo digo, me lo guardo y, si lloro, no lo hago delante de él. Pero me gusta su valentía. Que se reconoció como era y enfrentó sus miedos”, cuenta su orgullosa hermana, con quien a fin de año celebraron su cumpleaños en una bella fiesta, ella de vestido blanco y Alexis vistiendo su primer terno.

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